Acerca del Teatro Mariinsky

Por más de dos siglos el Teatro Mariinsky ha estado presentando al mundo una plétora de grandes artistas: El extraordinario barítono y padre fundador de la escuela operática rusa Osip Petrov actuó aquí; aquí es donde cantantes fabulosos como Fyodor Chaliapin, Ivan Yershov, Medea y Nikolai Figner y Sofía Preobrazhenskaya perfeccionaron sus habilidades y se alzaron en gloria. Bailarines de ballet reinaron supremamente en este escenario, entre ellos, Mathilde Kschessinska, Anna Pavlova, Vaslav Nijinsky, Galina Ulanova, Rudolf Nureyev y Mikhail Baryshnikov. Aquí es donde George Balanchine puso en marcha su camino al arte. Este teatro ha presenciado el comienzo de los talentos de brillantes decoradores como Konstantin Korovin, Alexander Golovin, Alexandre Benois, Simon Virsaladze y Fyodor Fyodorovsky entre otros incontables. El Teatro Mariinsky puede trazar su historia tan atrás como desde 1783, cuando un decreto de la creación de un comité de un teatro “para presentaciones y música” fue publicado el 12 de julio y el Teatro Bolshoi fue abierto en la explanada Carrusel en medio de gran pompa el 5 de octubre. Construido de acuerdo a los planos de Antonio Rinaldi, el Teatro Bolshoi pasmó al público con la pura balanza de sus dimensiones, su majestuosa arquitectura y su escenario, equipado con el equipo y maquinarias más actualizadas. La ópera de Giovanni Paisello, Il mondo della luna fue presentada en la apertura. La compañía de opera rusa se presentó en turno aquí con las compañías italianas y francesas, y hubo asimismo obras de teatro y conciertos de música vocal e instrumental. San Petersburgo estaba expandiéndose y su imagen cambiaba constantemente. En 1802-1803 Thomas de Thomon – un brillante arquitecto y dramaturgo – emprendió la reconstrucción capital del plano y decoración interior del teatro, alterando notablemente su apariencia externa y proporciones. El nuevo, gran y majestuoso Teatro Bolshoi se convirtió en una de las atracciones arquitectónicas de la ciudad capital en el río Neva junto con el Ministerio de Marina, la bolsa de valores y la catedral Kazan. Pero en la noche el 1o de Enero de 1811 hubo un tremendo incendio en el Teatro Bolshoi. En 2 días, el rico interior se perdió y la fachada se dañó seriamente. Thomas de Thomon, quien trabajó en los planes de reconstrucción de su adorado proyecto, no vivió para verlo realizado. El 3 de Febrero de 1818 el restaurado Teatro Bolshoi abrió una vez más con el prólogo Apollo y Pallas en el Norte y el ballet de Charles Didelot, Flore et Zéphire con música del compositor Caterino Cavos. Estamos llegando a la “época de oro” del Teatro Bolshoi. El repertorio de la era post-incendio incluyó la Flauta Mágica , El rapto del Serallo y la Clemenza di Tito de Mozart. El público ruso fue cautivado por La Cerentola, Semiramida, La gazza ladra y El Barbero de Sevilla de Rossini. En Mayo de 1824 llegó el estreno de “Der Freiscütz” de Weber, una obra que ejerció una gran influencia en el nacimiento de la ópera romántica rusa. Hubieron las comedias musicales de Alyabuev y Verstovsky; uno de los repertorios favoritos fue la ópera Ivan Susanin de Cavos, que fue presentada al mismo tiempo de la aparición de la ópera de Glinka sobre el mismo tema. El legendario Charles Didelot está ligado al nacimiento de la Gloria internacional del ballet ruso. Fue por estos días que Pushkin, quien inmortalizó el teatro con su siempre joven poesía, era un visitante regular del Teatro Bolshoi de San Petersburgo. En 1836, para mejorar la acústica, el arquitecto Alberto Cavos, hijo del compositor y director de orquesta, reemplazó el techo de cúpula del auditorio con uno plano, sobre el cual colocó un taller artístico y un salón para decorar los escenarios. Alberto Cavos quitó las columnas del auditorio porque interferían con la vista y distorsionaban la acústica; también dio al auditorio su tradicional forma de herradura e incrementó su longitud y altura para sentar hasta 2000 personas. En noviembre de 1836, con la primera presentación de la ópera de Glinka, Una vida para el Zar, el teatro reconstruido abrió nuevamente. Probablemente por casualidad y probablemente por diseño, el estreno de Russian and Lyudmilla, la segunda ópera de Glinka, fue llevada a cabo exactamente 6 años después, el 27 de noviembre de 1842. Estas dos fechas serían suficiente para asegurar que el Teatro Bolshoi de San Petersburgo había ganado su lugar para siempre en la historia de la cultura rusa. Pero por supuesto hubo otras presentaciones de obras maestras de música europea, óperas de Mozart, Rossini, Bellini, Donizetti, Verdi, Meyerbeer, Gounod, Auber y Thomas…. A tiempo, presentaciones de la compañía rusa de ópera fueron transferidas al Teatro Alexandrinsky y al llamado Teatro Circus, que estaba localizado opuesto al Bolshoi (donde la compañía de ballet y la compañía de ópera italiana continuaron sus presentaciones). Cuando, en 1859, el Teatro Circus fue destruido por el fuego, un nuevo teatro fue construido en el mismo sitio, de nuevo por Alberto Cavos. Fue nombrado el Mariinsky en honor de la emperatriz Maria Alexandrovna, esposa de Alexander II. La primera temporada del teatro en el nuevo edificio abrió el 2 de octubre de 1860 con “La vida de un Zar” de Glinka bajo la batuta del director de la compañia de ópera ruso Konstantin Lyadov, padre del renombrado compositor Anatoly Lyadov. El Teatro Mariinsky aseguró y desarrolló las grandes tradiciones del primer teatro musical de Rusia. Con la llegada en 1863 de Eduard Nápravník, quien reemplazó a Konstantin Lyadov como director principal, una nueva y gloriosa era del teatro inició. El medio siglo que Nápravník dedicó al Teatro Mariinsky sobresale por los estrenos de las óperas más importantes en la historia de la música rusa. Mencionaremos solo algunas: Boris Godunov de Musorgsky, La doncella de Pskov, Noche de Mayo y la doncella de nieve de Rimsky Korsakov, Principe Igor de Borodin, La doncella de Orleans, la hechicera, la Reina de Espadas e Iolanta de Tchaikovsky, El demonio de Rubinstein, Orestes de Taneyev… A principios del siglo XX, el repertorio del teatro incluyó operas de Wagner (entre otras la tetralogía y el anillo del nibelungo), Elektra de Richard Strauss, La leyenda del invisible ciudad de Kitezh y la doncella Fevronia de Rimsky Korsakov y Khovanshchina de Musorgsky. Marius Petipa, quien se convirtió en el director de la compañía de ballet en 1869, continuó las tradiciones de sus predecesores, Julles Perrot y Arthur Sain-León. Petipa celosamente preservó las obras clásicas como Giselle, La Esmeralda y Le Corsaire, sometiéndolas únicamente a revisiones minuciosas. Su producción de La Bayadère puso en la mira y rango su composición coreográfica para el escenario de ballet por vez primera, donde “la danza sería asimilada por la música” La exitosa reunión de Petipa con Tchaikovsky, quien señaló “el ballet es también una sinfonía”, resultó en la creación de La bella durmiente, un verdadero poema en música y coreografía. La colaboración de Petipa y Lev Ivanov produjo la coreografía del Cascanueces. Después de la muerte de Tchaikovsky, El lago de los cisnes tomó un Segundo aire en el Teatro Mariinsky, y de Nuevo con la coreografía de Petipa e Ivanov. Petipa consagró su reputación como un coreógrafo simbolista con su producción del ballet de Glazunov, Raymonda. Sus ideas innovadoras fueron aprovechadas por el joven Michel Fokine, quien puso en escena Le Pavillon d”Armide de Tcherepnin, La muerte del cisne y Chopiniana a la música de Chopin de Saint Saëns en el Teatro Mariinsky así como ballets creados en Paris, Schéhérazade a la música de Rimsky Korsakov y El Pájaro de Fuego y Pétruchka de Stravinsky. El Teatro Mariinsky ha sido objeto de múltiples reconstrucciones. En 1885, cuando la mayoría de las producciones se había transferido al Teatro Mariinsky previo al cierre del Bolshoi, el arquitecto principal de los teatros imperiales Viktor Schröter añadió un ala de tres pisos al lado izquierdo del edificio para talleres de teatro, salones de ensayos, una verificación de electricidad y un cuarto de calderas. En 1894 bajo la supervisión de Schröter, las vigas de madera fueron reemplazadas por acero y concreto, las alas se extendieron y los recibidores alargados. La fachada principal, también fue sujeta a reconstrucción, tomando formas monumentales. En 1886 ballets, que hasta ese momento habían sido presentados en el Teatro Bolshoi, fueron transferidos al Teatro Mariinsky. El edificio del Conservatorio de San Petersburgo fue construido en el sito del Teatro Bolshoi. Un decreto gubernamental el 9 de noviembre de 1917 convirtió al Teatro Mariinsky en propiedad del Estado y fue transferido a la Secretaria de Educación. En 1920 comenzó a ser llamado el Teatro Académico del Estado de Opera y Ballet (GATOB), y en 1935 fue nombrado en honor de Sergei Mironovich Kirov. Junto con los clásicos del siglo previo, en los 20s y los tempranos 30s óperas contemporáneas comenzaron a ser presentadas en el teatro, entre ellas, El amor por 3 naranjas de Prokofiev, Wozzeck de Alban Berg y Der Rosenkavalier de Strauss; y ballets fueron montados que reforzaron la nueva tendencia coreográfica que había sido popular por décadas, el llamado “drama-ballet”, La amapola roja de Teinhold Glière, Flamas de Paris y La Fuente de Bachchisarai de Boris Asafiev, Laurencia de Alexander Krein y Romeo y Julieta de Sergei Prokofiev entre otras. El último estreno de una ópera antes de la Segunda Guerra Mundial en el Teatro Kirov fue Lohengrin de Wagner, la segunda presentación de ésta terminó la noche del 21 de junio de 1941, sin embargo las presentaciones anunciadas para el 24 y 27 de junio fueron reemplazadas por Ivan Susanin. Durante la Segunda Guerra Mundial el teatro fue evacuado a Perm, donde hubo estrenos de muchas obras incluyendo el ballet Gayaneh de Khachaturian. De regreso a Leningrado, el teatro abrió la temporada el 1o de septiembre de 1944 con la ópera de Glinka Ivan Susanin. En los 50s-70s ballets tan famosos como Shurale de Farid Yarullin, Spartacus de Khachaturian y Doce de Boris Tishchenko con coreografía de Leonid Yakobson, La flor de piedra de Prokofiev y La leyenda de amor de Arif Melikov con coreografía de Yuri Grigorovich y la Sinfonía Leningrado de Dimitry Shostakovich con coreografía de Igor Belsky fueron presentadas en el teatro, y junto con producciones de estos nuevos ballets el teatro diligentemente cuidó su legado clásico. El repertorio de ópera fue enriquecido con obras de Prokofiev, Dzerzhinsky, Shaporin y Khrennikov junto con operas de Tchaikovsky, Rimsky Korsakov, Musorgsky, Verdi y Bizet. Entre 1968 y 1970 se llevó a cabo una reconstrucción mayor en el teatro conforme a los diseños de Salomeya Gelfer, como resultado del cual el ala izquierda del edificio fue alargada y tomó la forma que tiene hoy día. Un paso importante en la historia del teatro vino en los 80s con producciones de las operas Eugene Onegin y La Reina de Espadas de Tchaikovsky, presentadas por Yuri Temirkanov, el director del teatro desde 1976. Estas producciones, que permanecen en el repertorio del teatro hasta el día de hoy, vieron emerger una nueva generación de intérpretes. En 1988 Valery Gergiev fue designado Director Principal del teatro. El 16 de Enero de 1992 el histórico nombre del teatro fue restaurado y se convirtió en el Teatro Mariinsky nuevamente. Y en el 2006 la compañía y la orquesta fueron presentadas con la Sala de Conciertos de la calle Decembristas no. 37, construida bajo la iniciativa de Valery Gergiev, Director Artístico y General del Teatro Mariinsky.